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Castillo de Cardona

La población catalana de Cardona parece anclada en la Edad Media. Situada en el interior de la provincia de Barcelona, Cardona ha visto pasar a diferentes culturas con el paso del tiempo. Situada en un punto estratégico sobre una colina y cercana a una importante mina de sal, el asentamiento ha gozado de importancia tanto económica como estratégica durante largo tiempo.

La villa de Cardona

El primer asentamiento conocido de Cardona se remonta al periodo ibérico. En el mismo lugar donde hoy se asienta el pueblo existió un pequeño castro ibérico. Al igual que en otras partes de la geografía peninsular, los iberos buscaron un lugar alto desde donde controlar el área circundante.

Tras la conquista romana la población ibérica quedó abandonada, pero se establecieron diversos asentamientos en el llano para la explotación de las minas de sal. Al tratarse de una época mucho más pacífica y desarrollada que la anterior, la época romana se caracteriza por la existencia de poblaciones en el llano, muchas veces sin defensas, ya que la fortaleza del imperio aseguraba el interior de sus fronteras.

Acabado el periodo de estabilidad romana y visigoda y tras las invasiones musulmanas desde el norte de África, el territorio de Cardona se convirtió en frontera entre la cristiandad carolingia y el islam. En 798 se ordenó la ocupación de Cardona por parte de Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, con la orden de fortificar la villa y utilizarla como frontera sur de si imperio.

Los delegados condales de los monarcas carolingios manifestaron su interés por Cardona. Hacia el 872, el conde Guifré I concedía la primera carta de franquezas, a la que siguió una segunda carta otorgada en el 986 por su nieto Borrell II. Fue entonces cuando el conde cedió la potestad del castillo a Ermemir, hijo del linaje vizcondal de Osona.

Sus sucesores permutaron décadas más tarde su título para vincularlo al señorío del castillo, convertido ya entonces en centro residencial de la familia. En el futuro, los vizcondes de Cardona dominarían sobre la cuenca del Cardener gracias a las ganancias de la sal. Al mismo tiempo, la influencia alcanzada por los señores de la sal convirtió Cardona y su castillo en uno de los epicentros políticos del Principado, primero como vizcondado y después como condado y ducado.

El castillo de Cardona

La fortificación medieval de Cardona se encuentra junto al casco urbano de la población barcelonesa. Sus torres y almenas se levantan por encima del perfil de las casas de la población como recuerdo de la vigilancia que éste ejercía sobre los vecinos y la tierra que los rodea. La antigüedad del castillo de y su casa nobiliar le infieren unas características diferenciadas a otros castillos de la España medieval. Tanto la estructura del castillo como su arquitectura son clara muestra de ello.

El primer rasgo distintivo del castillo de Cardona es su torre del homenaje. De planta circular, seguramente su construcción sea de origen islámico y su función primigenia la de servir como atalaya vigía de la zona. Justo delante de la torre se sitúa el patio de armas. Éste era el punto neurálgico del castillo primitivo. Desgraciadamente las edificaciones de la época han desaparecido en la actualidad.

En el centro del complejo se encuentra el palacio de los vizcondes de Cardona. Levantado entre los siglos XII y XIV es una muestra perfecta de la arquitectura gótica mediterránea. Su patio interior destaca por el porticado con grandes arcos, mu característico en toda la fachada mediterránea en este periodo.

El monasterio de San Vicente de Cardona

El elemento más impresionante del castillo de Cardona es sin duda el monasterio de San Vicente. El desarrollo del centro monacal fue parejo al del mismo castillo y la familia nobiliar que lo habitaba. Como ocurre en cualquier asentamiento de la época, el poder político siempre iba de la mano del poder religioso. Al mismo tiempo que se estableció el primer castillo en Cardona se levantó junto a él una iglesia de estilo románico.

església Sant Vicenç de Cardona, l’obra fou construïda entre el 1029 i el 1040

La iglesia ha sobrevivido el paso del tiempo, lo que todavía nos permite contemplar la sobria arquitectura altomedieval. La cripta y la nave principal, con su bóveda de medio punto son ejemplo de la maestría de los arquitectos de este periodo.

Como todo buen monasterio, el conjunto contaba con un claustro. El conservado en Cardona ha sufrido numerosas remodelaciones, pero todavía nos permite imaginarnos a los monjes paseando y rezando entre sus arquerías de estilo gótico.

Los fantasmas del castillo de Cardona

En la actualidad el antiguo castillo de Cardona es un Parador Nacional donde es posible pasar la noche y disfrutar de su excelente oferta gastronómica. Muchos visitantes deciden pernoctar en este Parador por las bonitas vistas y el lugar con encanto donde se encuentra. Sin embargo, otros muchos visitantes vienen la Parador de Cardona siguiendo las historias de fantasmas que de él se cuentan.

Las historias de fantasmas del Parador de Cardona se remontan a 1984 y quien la dio a conocer fue el director del Parador de aquel momento. En una carta remitida a su sucesor en el cargo, relataba un suceso acontecido en 1984, no sin antes advertir que él “no creía en fantasmas”.

Ese año el hotel fue reservado durante varios días por un equipo de baloncesto. Todo el hotel fue cerrado para ellos. Después de que los deportistas abandonaran el Parador, las camareras se dispusieron a limpiar las habitaciones vacías. En la séptima planta, la última de todas, ocurrieron los hechos.

Cuando una de las camareras se disponía a abrir la puerta de las habitación 712 con la llave maestra ésta no funcionaba, algo extremadamente extraño. Después de consultar a varios empleados, finalmente se comunicó la incidencia al director del hotel. Éste se dirigió personalmente a ver qué ocurría.

Al acercarse a la puerta, pudo atestiguar que ésta no se abría. Llamó con los nudillos y alguien respondió desde el interior- ¡Espera! – se oyó desde el interior de la habitación vacía. Ante la sorprendente respuesta bajaron a recepción para comprobar si la habitación estaba ocupada o no. Allí les confirmaron que nadie estaba allí, por lo que nadie debería responder desde el interior.

Nuevamente con la llave maestra se volvieron a dirigir hacia la habitación. Esta vez si que funcionó. Al entrar se encontraron la habitación completamente vacía. En el baño se encontraron con el grifo abierto de par en par y en el suelo se podían apreciar unas huellas de unas botas de trabajo que habían manchado de yeso el suelo.

Éste no sería el único testimonio sobre la habitación 712. Muchos otros similares se han recogido desde que esta historia se hizo popular. A día de hoy, la dirección del hotel intenta no asignar la habitación 712 a ningún huésped, sin embargo muchas personas en busca del misterio solicitan expresamente alojarse allí con la intención de desvelar los secretos de este enigmático lugar.