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Castillo de Trujillo

En la provincia de Cáceres se encuentra uno de los mejores alcázares de época islámica que se conservan en toda la antigua Al-Andalus. En la ciudad de Trujillo, cuna del famoso conquistador Francisco Pizarro, podemos visitar a día de hoy un magnífico alcázar andalúsi que ha pervivido a lo largo de los siglos hasta nuestros días.

El alcázar de Trujillo

Los orígenes del castillo de Trujillo se remontan al siglo IX, época en la cual la zona de Cáceres pertenecía al califato andalusí de Córdoba. La construcción se erigió con la intención de dominar el área circundante. Para ello la fortificación se estableció sobre un cerro conocido como Cabezo de Zorro, desde donde se domina la llanura.

La fortificación demuestra su antigüedad con la sencillez de los elementos defensivos. La miralla es completamente lisa en sus 900 metros de longitud. Además, las torres apenas presentas saeteras para su defensa. Aunque la ornamentación de época islámica era de gran calidad, los arquitectos de este periodo no eran ni mucho menos expertos en el labrado de la piedra. Esto se puede apreciar en la reutilización sistemática de sillares de época romana y el uso del sillarejo, piedras talladas de manera irregular.

La fortificación se divide en dos áreas bien delimitadas: el patio de armas y la Albacara. La separación de ambos espacios hace imaginable la diferenciación en el uso de ellos. Por un lado el patio de armas presenta una planta cuadrangular, mientras que la Albacara tiene planta hexagonal.

La puerta principal es de claro estilo islámico, además de ser el elemento más destacado de la construcción. Entre dos altas torres se encuentra un arco de herradura que da acceso a la fortificación. Tras la conquista cristiana de la plaza, sobre la puerta se instaló una hornacina donde se colocó una imagen de la Virgen María.

Para dar servicio a la fortaleza, en el interior del patio de armas se excavaron dos aljibes. Allí se recogía el agua de lluvia para poder utilizarla en caso de asedio de la fortificación y para el día a día del recinto.

Trujillo como testigo de la historia castellana

La ciudad permaneció en manos musulmanas hasta el año de 1232. En ese momento pasó a manos castellanas. La conquista, según narran las crónicas, se llevó a cabo por el Obispo de Plasencia, las tropas de esa ciudad y caballeros de órdenes militares.

El castillo de Trujillo en tiempos de Pedro I fue elegido para que el tesorero del rey, el judío Samuel Leví, guardase las riquezas de la Corona, porque se la consideraba una de las fortalezas más seguras del reino.

Aquí se refugió Juana “La Beltraneja” en su disputa con la reina Isabel I en una época de agitación familiar y social. Una vez entregado el castillo a la reina Católica, Juana tuvo que salir huyendo hacia Plasencia, donde se casó con Alfonso V de Portugal.

La ciudad de Franciso Pizarro

El vecino más ilustre de la villa de Trujillo fue sin duda el conquistador Francisco de Pizarro. En el centro de la plaza mayor de la ciudad se puede apreciar a día de hoy una estatua ecuestre que recuerda al insigne aventurero y conquistador del Imperio Inca.

Franzisco Pizarro nació en Trujillo en 1476. Hijo de Hidalgos, la baja nobleza de la época, muchas veces empobrecida, siguió los pasos de su padre al elegir la vida militar. Pizarro sirvió a las órdenes del Gran Capitán en las campañas de Italia contra los franceses, lo cual sin duda le sirvió como escuela para lo que le deparaba el futuro.

A comienzos del siglo XVI embarcó para América en busca de fortuna. Gracias a su pericia y dotes de mando, logró llegar hasta el Imperio Inca y con muy pocos hombres consiguió tomarlo y añadir sus tierras a la corona española. Pizarro nunca volvió a su ciudad natal, ya que murió en Lima en 1541.

En Trujillo se conserva todavía su antigua vivienda, del siglo XV. En la actualidad el edificio es un museo donde se puede conocer en más detalle de este famoso vecino de la ciudad.

Un escenario de película

El aspecto marcadamente medieval de la villa y el castillo de Trujillo lo han convertido en un escenario perfecto para el rodaje de series y películas de época. La aparición más famosa y reciente de este alcázar andalusí en la pantalla ha sido en la famosa serie Juego de Tronos. En la séptima temporada de la serie, las murallas del castillo de Trujillo sirvieron como escenario para una de las mayores batallas representadas en la conocida serie de fantasía.

Otras atracciones en Trujillo

En Trujillo no sólo el alcázar es destacable. La ciudad ha mantenido un aspecto entre medieval y renacentista hasta la actualidad. Muchos monumentos de esta época todavía son de interés para el visitante.

Puertas de la ciudad

La ciudad de Trujillo todavía conserva varias puertas de entrada al casco urbano. Todavía existen las puertas de Santiago y de san Andrés o la puerta de la Coria. Atravesando cualquiera de ellas nos adentramos en un mundo que recuerda vívidamente al pasado renacentista extremeño.

Convento de San Francisco el Real

Como salido de un cuadro romántico del siglo XIX, el convento de San Francisco el Real se encuentra en ruinas. Las enredaderas cubren parte de los derruidos arcos góticos de la nave principal de la iglesia conventual, mientras que el claustro renacentista todavía sigue en pie. En este convento la propia madre de Francisco Pizarro trabajó como criada de las monjas.

Catedral de Santa María la Mayor

La Catedral de Trujillo nos habla de un pasado donde esta ciudad disfrutaba de una preponderancia bien marcada en la región. Comenzada a construir al poco de la conquista, todavía conserva el campanario original de estilo románico. Sin embargo la nave principal de la catedral de Trujillo se levantó ya en estilo gótico.

Palacio del Marqués de la Conquista

Doña Francisca Pizarro Yupanqui, hija de Francisco Pizarro y la princesa inca Inés Huaylas Yupanqui, ejemplo del mestizaje de dos civilizaciones y heredera del Marqués de la Conquista, construyó este impresionante palacio situado en uno de los rincones de la plaza mayor de Trujillo.