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Castillo del Buen Amor

Situado cerca de la población salmantina de Topas, el castillo del Buen Amor se erige en mitad de los anchos campos de cereal de esta parte del antiguo Reino de León. Majestuoso desde la lejanía, el castillo nos habla de un pasado guerrero de la comarca, transportándonos a una época de grandes gestas y hechos misteriosos.

La historia del castillo del Buen Amor

La construcción del castillo del Buen Amor se retrotrae hasta la plena Edad Media, en el siglo XI. Como todo gran castillo, ha sufrido reformas y mejoras con el paso del tiempo. En la actualidad presenta todavía el aspecto de castillo palacio, función que se debe a las obras realizadas por orden del Obispo Fonseca, quien se encargó de rehabilitarlo en el siglo XV.

El nombre de castillo del Buen Amor procede también del Obispo Fonseca. Éste decidió darle este sonoro nombre en recuerdo de los años de felicidad que entre sus muros paso acompañado de su amante. El obispo había sido confesor del rey Juan II de Castilla, pero el castillo pasará a sus manos por la especial relación que tuvo con los Reyes Católicos.

Durante la guerra civil castellana para la sucesión al trono, el obispo Fonseca, conocido como el Obispo Batallador por su papel militar, apoyó la candidatura al trono de la reina Isabel. Su papel en la toma de la ciudad de toro fue especialmente significativo, por lo que en recompensa por los servicios prestados, el obispo recibió el castillo del Buen Amor de manos de los mismo reyes.

En la actualidad, el castillo todavía muestra su aspecto original del siglo XV. El exterior de la construcción tiene un marcado carácter defensivo. Al estar construido sobre un llano, la fortificación medieval se protegió con un foso, que dificultaba la llegada de atacantes al muro principal. El muro exterior está defendido con cuatro grandes baluartes en las esquinas. Tres de estos baluartes son redondos y el cuarto es cuadrado. Originariamente sería esta la torre del homenaje y lugar de residencia del señor del castillo.

En el siglo XV la fisionomía del castillo cambió completamente. El antiguo patio de armas se vio reducido con la construcción de un palacio residencia en el interior. En torno a un patio con arcadas marcadamente renacentistas se levantó la residencia del Obispo Fonseca, quien le dio el nombre actual al castillo.

La construcción sobrevivió a los siglos sin grandes deterioros. Al haber tenido siempre un dueño, que lo utilizaba para diferentes funciones, el castillo no fue quemado ni saqueado en ninguna época pasada. Esto permitió que la policromía de los artesonados se haya conservado original y que las piezas arquitectónicas más relevantes, como la arquería del patio o las chimeneas todavía se encuentren en el edificio.

El hotel de lujo Castillo del Buen amor

En 1948 el castillo fue comprado por Esperanza Fernández de Trocón con la intención de rehabilitarlo y convertirlo en residencia particular. Aprovechando el buen estado de la construcción y respetando la historia del lugar, el castillo volvió a la vida en los años 50 como residencia particular de esta familia.

Ya en el siglo XXI sus herederos decidieron transformar la vivienda en un hotel de lujo abierto al público. Tras una breve reforma y tras dotar de calefacción a toda la edificación, el castillo abrió sus puertas a todo aquel que quiera alojarse en un castillo medieval, pero con las ventajas de la tecnología moderna.

Los salones del actual hotel no han variado su aspecto prácticamente desde el siglo XV. Los artesonados policromados del techo todavía recuerdan el pasado renacentista del interior del castillo del Buen Amor.

Los misterios del castillo del Buen Amor

Como todo gran castillo medieval, del castillo del Buen Amor se han recogido muchas leyendas que nos trasladan a su pasado más lejano. Normalmente estas historias son sólo eso, historias evocadoras que recuerdas las hazañas de estos bellos edificios. Sin embargo, en el castillo del Buen Amor se han demostrado que muchas de estas leyendas todavía están vivas.

El castillo del Buen Amor toma este nombre por el Obispo Fonseca, quien se lo otorga para recordar los buenos años vividos con su amante, doña Teresa de las Cuevas, con quien tuvo cuatro hijos. Al igual que en la actualidad, los clérigos católicos debían hacer voto de castidad, pero en muchas ocasiones este voto no era respetado, sobre todo entre los clérigos de mayor rango.

Alonso Ulloa de Fonseca Quijada, nombre completo del obispo, pertenecía a una familia muy bien relacionada. Era primo del arzobispo de Sevilla y sobrino del arzobispo de Santiago de Compostela, por lo que la carrera clerical estaba muy arraigada en su familia. Además había ostentado el cargo de confesor del rey Juan II, un cargo de mucho poder en la corte del rey de Castilla.

La amistad del obispo con los Reyes Católicos permitió que la fortaleza y las tierras que la rodean permanecieran en manos de la familia del religioso. El cuarto hijo del obispo Fonseca con doña Teresa de las Cuevas fue reconocido por los monarcas como hijo legítimo de la pareja y por tanto, como justo heredero de las posesiones de la familia.

Se dice que doña Teresa todavía vive entre los muros del castillo que compartiera con su amante. Unos dicen que lo hace para recordar la historia de amor que allí vivió. Otras, que lo hace para contar las desdichas de este amor prohibido.

Los trabajadores del castillo y muchos visitantes atestiguan que en las habitaciones del actual hotel ocurren cosas inexplicables. Luces que se apagan, golpes en las puertas, llamadas de teléfono a recepción desde habitaciones vacías y con el teléfono desconectado. Y como colofón, una dama blanca que recorre las estancias por la noche.

Los fenómenos son tan comunes y conocidos, que muchas personas deciden pernoctar en el hotel solamente esperando poder registrar o vivir una de estas experiencias sobrenaturales. Muchos de ellos han dejado por escrito sus vivencias en el libro de visitas del hotel. Si estas historias son reales o pura leyenda, queda a la discreción de cada uno de los huéspedes.