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Castillos y asedios en la Edad Media

Los castillos medievales eran grandes demostraciones de fuerza política y militar. Cuanto más inexpugnable era una fortaleza, más poderoso era el noble que la había mandado construir. Las fortificaciones medievales eran espacios muy complicados de asaltar. Si se quería tomar un castillo por la fuerza, se necesitaba disponer de muchos recursos y a veces de meses o años de tiempo para asediarlo.

La defensa de un castillo

Puede que los castillos tuvieran ventanales acristalados, y hermosas fachadas de color blanco gracias al recubrimiento de cal que protegía los muros de piedra, pero eso no tenía nada que ver con su objetivo principal.

La única finalidad del castillo en plena Edad Media era la de poder reunir a la mayor cantidad posible de efectivos con el fin de defender algún punto vulnerable. Prácticamente todos los elementos arquitectónicos de un castillo tenían una finalidad defensiva.

El almenaje estaba diseñado para la defensa. así podían ocultarse tras las almenas, que son los prismas macizos que rematan los muros. Cuando querían lanzar una flecha lo hacían por el espacio libre que hay entre almena y almena.

Conservation Of Lincoln Castle Walls Phase 2 & 3 | Woodhead Heritage

Los castillos estaban diseñados con múltiples capas defensivas. El enemigo tenía que enfrentarse a varias líneas antes de tomar el castillo. Para complicar un asedio lo máximo posible, lo primero que se hacía era buscar un buen emplazamiento para el castillo. Lo más práctico era buscar lugares provistos de obstáculos naturales. Un buen precipicio o una sólida península bastaban. Cualquier cosa que dificultara el avance de los asaltantes.

En las planicies desprovistas de rocosos desniveles los fosos eran algo común. Los constructores excavaban un foso alrededor como un obstáculo más para ser superado por el enemigo. El foso circundante, que no no siempre estaba inundado, podía llegar a tener nueve metros o más de ancho y varios de profundidad. A veces se clavaban afiladas estacas en el fondo.

La defensa de un castillo medieval

Pero incluso si estaba desprovisto de agua o estacas, la carga, que implicaba superar el foso hasta llegar a la base de las murallas, con flechas y piedras cayendo desde arriba, era algo extremadamente difícil. Detrás se hallaba la muralla principal con sus imponentes torres. Desde aquí os arqueros lanzaban sus flechas al enemigo por estrechas aspilleras.

22 Arrow slits | Nicola's Travel Blog

Las torres sobresalían de las murallas para facilitar a los arqueros ángulo de tiro sobre la base de la torre vecina. Para aumentar la letalidad de los defensores, pronto se sustituyeron los arcos por ballestas. La ballesta era mucho más sencilla de utilizar, a diferencia del arco, que precisaba de un entrenamiento militar exhaustivo. Además, su poder de penetración era mucho mayor que el del arco. Era capaz de atravesar armaduras a corta distancia.

Un ballestero experimentado era capaz de lanzar tres o cuatro virotes por minuto. Los constructores dispusieron saeteras en las torres y a veces en las murallas, para proteger a los tiradores. Eran aspilleras dispuestas en vertical en la muralla desde donde podían apuntar y disparar. En el interior el hueco era más amplio para dar maniobrabilidad a los arqueros.

En cada saetera se situaba un arquero. de modo que la defensa funcionaba como una especie de ametralladora. Con todos los ángulos cubiertos en un castillo cuidadosamente diseñado. Era imposible lanzar un ataque sin pagar un alto precio por ello.

Las armas de los asaltantes

El espesor de las murallas podía ser enorme. Eran más gruesas abajo y más delgadas en la parte superior. En la base de la fachada del castillo a menudo se ve una masa de piedra. Se llama zarpa. Se lanzaban piedras desde lo alto sobre la zarpa para que se hicieran añicos y se esparcieran los fragmentos sobre los atacantes. Funcionaban como una especie de granada de mano.

Para los atacantes sólo había tres maneras de superar una muralla, por encima, por debajo o a través. Pero antes de iniciar un ataque directo, una opción era bombardear el castillo con las armas más potentes de la época, los trebuchets. Un trebuchet es un brazo largo con un gran peso en un extremo y una honda en el otro. Se carga la honda con grandes piedras o aquello que se quiera lanzar y se usa el contrapeso para lanzarlas contra las murallas.

Trebuchet - Wikipedia

Las piedras se lanzaban contra la parte más alta, la más vulnerable. Si el castillo no se rendía, el enemigo podía lanzar un ataque directo. Pero los que se encontraban en el interior, contaban con ventaja. Los mecanismos de defensa más importantes en cualquier castillo eran los que protegían la entrada, porque es el punto más débil de cualquier fortificación.

Si un atacante llegaba a sobrevivir a la lluvia de flechas y lograba llegar hasta el foso, le esperaba una calurosa bienvenida en la puerta. Las torres de entrada estaban especialmente dotadas para la defensa. Cuando más nos acercáramos a la entrada, mayor sería el volumen de proyectiles que caerían sobre el atacante.

El paso estaría en este punto bloqueado por el rastrillo. Se suele pensar genéricamente que estaban construidos de metal, pero lo normal es que fueran de madera. A través de los rastrillos se podía ver y también disparar, pero no se podía pasar. Si se conseguía superar, detrás los atacantes se encontrarían con un gran portón de madera. Para echarlo abajo se debía quemar o echar abajo con un gran ariete. Todo ello mientras desde la torre caían todo tipo de proyectiles o líquidos hirviendo.

File:Main Gate -Portcullis 2016-09-03 08 519.jpg - Wikimedia Commons

Al llegar al interior de la fortificación, los asaltantes tampoco estarían a salvo. Las saeteras estaban dispuestas tanto hacia el exterior como hacia el interior del castillo, por lo que en patio de armas la lluvia de flechas continuaría, mermando más y más a los asaltantes.

Pese a las características especiales de un castillo, si un sitiador disponía de los suficientes hombres, recursos y tiempo y además estaba dispuesto a pagar el precio del sacrificio, el castillo acababa cayendo.

El final de los castillos

Arquitectos y estrategas pasaron siglos perfeccionando la funcionalidad de los castillos. Hasta que un invento acabó con todo su trabajo. El abandono en la construcción de castillos se dio por dos razones, la primera porque se inventó la pólvora y los cañones podían derribar las murallas. La segunda razón se encuentra en que el mundo cambió.

La aparición de los Estados modernos hicieron inútiles a los castillos, ya que los gobiernos centrales controlaban todo el territorio. Los reyes no querían que los nobles tuvieran castillos, por lo que en muchos lugares de Europa directamente se les prohibió su construcción.